
Las colecciones de las grandes firmas son mucho más que la historia detrás de una marca e inversiones desorbitantes en publicidad, es un hecho. Que los clones nunca serán tan buenos como los diseños originales, una verdad incostestable. Y eso se sabe cuando se tienen delante y se pueden tocar maravillas en forma de prendas como las de Chanel Primavera-Verano 2010.
Si la colección del káiser se salía de lo habitual, no solamente por su puesta en escena bucólica, sino por lo novedoso de sus aires campestres. Un espíritu rural chic que se traduce en cada uno de los elementos de una colección nuevamente magistral. Porque a Karl muchas veces le pueden sus maneras de genio y se escuda en su rol de “haga lo que haga, va a gustar”, pero conseguir ser fiel al espíritu de una casa legendaria e innovar (marcando además tendencia), es tarea solamente apta para genios que son capaces de hacernos desear cosas que nunca desearíamos por sí mismas.
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Hace 16 años

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